Reflexiones sobre 1 Pedro

La llegada de la Biblia a Chile – primera parte.
Septiembre 25, 2018
La llegada de la Biblia a Chile – segunda parte
Octubre 9, 2018

A veces cuando abro mis ojos en la mañana, no lo hago con la vitalidad o tal vez con el deseo que en otros tiempos me acompañó. Pienso que quizás sea la edad, pero tal vez, es que desde hace ya un rato he puesto mi esperanza en muchos sitios que al final no han llegado a la conclusión que yo esperaba.

En algun libro leí que los humanos somos una máquina creadora de ídolos pero también creo que al mismo tiempo somos una máquina creadora de esperanzas, de sueños, de ilusiones. En parte creo que ellos son un ápice de la huella de nuestro creador. Pero también estos mismos pueden crear espejismos que se desvanecen y que nos lastiman.

Quizás te ha pasado a ti. Soñando con la felicidad de tus hijos, que les vaya bien en el cole, que saquen buenas notas y que tengan amigos, y al final los planes se vienen abajo y nada o parte de eso mismo sucede.

Alguien más puede soñar con casarse con el príncipe azul y después de unos años de casados darse cuenta que el susodicho es simplemente un pecador. Quizás otras pensamos que el esfuerzo de ir a la U, nos redituará en una buena pega, bien remunerada, para al final terminamos haciendo trabajitos aquí y allá porque no encontramos nada.

Cuando nuestra vida no se torna de la manera que pensamos. Cuando nuestros sueños aterrizan en la realidad, suele surgir el desencanto, la tristeza, la frustración. Leyendo la primera carta de Pedro, no puedo dejar de identificarme con las personas que ahi se mencionan. Personas en el exilio, dispersas. Todos ellos ávidos de esperanza pero temerosas sobre un futuro que parecía tan incierto porque el presente no era nada prometedor.

Ellos tambien esperaban en algo diferente y estaban un tanto tristes por asi decirlo. En este entonces encaraban persecución y muerte. Quizas estaban deseando no esperar nada o soñar nada. Pero tanto para ellos como para nosotros, esto resultaría en negar lo que Dios nos ha dicho sobre orar, pedirle, expresarle a El lo que deseamos y sobre todo confiar el Él.

Paul Tripp dice que: “el vivir en este presente esta diseñado por Dios para producir 3 cosas en nosotros: El anhelo, la preparación y la esperanza.” Desmenuzando esto un poco, creo que el anhelo mantiene nuestra perspectiva en un futuro seguro que ya nos ha sido dado. La preparación, nos recuerda que aun no estamos en casa, y por tanto todo aqui es finito. Me viene a la imagen el vivir en carpas, sin acumular tesoros porque al final como lo dice su palabra todo será carcomido por la polilla. Y la esperanza es el poder ver el futuro glorioso a su lado.

Y todo esto puede verse también en esta carta que Pedro escribe. Pedro es un apóstol que no se anda con rodeos y al iniciar la carta nos expresa claramente quienes somos. Los primeros versículos nos dicen que somos un pueblo elegido, por Dios. Nos indica que somos extranjeros dispersos porque aun estamos lejos de casa y nos dice que somos amados enormemente porque hubo una elección soberana para ser parte de su pueblo, porque envió a su hijo a salvarnos a costa de su vida, y porque además durante este tiempo fuera de casa, su Espíritu nos ayudará a transformar nuestras vidas pecadoras.

Dice incluso unos versículos más adelante, que hemos vuelto a nacer, y que nos será dada una herencia indestructible, incontaminada e inmarchitable cuando estemos de nuevo con El. Es esto quizás ¿demasiado bueno para creer? Tal véz sea que en el momento que te encuentras es imposible pensar que esto sea verdad. Más aun porque cuando el dolor se apodera de tí y la injusticia te acecha es dificil entender que pueda compaginarse el dolor aqui con algo tan maravilloso en el futuro.

Quiero decirte que yo he estado ahí, así, sin ganas más que de esconderme del mundo y cerrar la página. Incapaz de querer entrar en la paradoja que parece presentarnos Pedro con el mundo que vivimos. Pero en esos momentos, no es que el plan de Dios haya fallado. O que simplemente El también se haya cansado de mí y haya tirado la toalla. Es en esos momentos dónde te pido que eleves tu rostro y te acuerdes de la eternidad. De la esperanza que no te desampara y de una verdad que es una realidad.

Es en estos momentos donde debemos recordarnos que somos elegidas, con una identidad en Cristo y con una nueva vida en Él. Es en esos momentos dónde es necesario orar para que su Espíritu acalle tu voz y puedas como yo lo he hecho – después de amurrarme por un rato- escuchar la de Él que me recuerda quien es Él, quien soy y para que y quien fui creada.

Porque sabes, vivimos vidas que serán probadas, incluso por fuego. Creo que los fuegos son diferentes para todos, pero los hay. Para unos, es la ausencia de tener hijos, para otros el ser rechazado por los padres. Pero cuando recordamos que nuestra identidad está en Cristo la perspectiva ante el sufrimiento, ante la vida misma cambia.

Primeramente porque la carta de 1 Pedro 1:5 nos recuerda que el poder de Dios nos protege para guardar la fe que nos ha sido dada y entonces poder caminar confiadas. En momentos donde la duda surge, donde el desaliento se empieza a acomodar en nuestro corazón, Pedro nos recuerda, para, recuerda, escucha: Dios es la fuente de tu vida y nunca tendrás que enfrentar los desafíos solo.

Y en segundo lugar porque nos hace pensar a nosotros, pueblo en espera, disperso, ajeno a este mundo pero en este mundo, que tenemos un porvenir asegurado a su lado. Un futuro, donde todos los anhelos serán suplidos, donde todas las esperas serán encontradas, donde el resplandor de su rostro será la el sueño cumplido donde podremos descansar.

Para tí hoy en día, que luchas contra un mundo quebrantado. Para tí, que estás triste y cabizbajo. Para tí, que como yo has puesto tu esperanza en sueños que no se han cumplido y donde el miedo encuentra una rendija a tu corazón. Quiero invitarte a revisar la carta de Pedro. Una carta para ti y para mi. Una carta para vivir en un mundo ajeno que necesita de la guianza y la fortaleza de Dios. Vayamos a su palabra y emprendamos este viaje para decir: “….Señor, en tí está mi esperanza.”

 

IPA
IPA