Vivir en comunidad

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Reflexiones sobre 1 Pedro 2:1-12

Cuan diferentes somos los seres humanos. Incluso en nuestras propias familias. A algunos les encantan las verduras otros las odian. Algunos aman dormir y otros encuentran que no pueden pegar el ojo si se van a la cama temprano. Cuando salimos a la calle, la diversidad aumenta. Ahora aun más, con la ola de inmigrantes que ha llegado a las costas Chilenas.

En lo personal me encanta eso, en el pasado viví en una de las ciudades más grandes del mundo: Ciudad de Mexico y después en Londres. Quizás sea por eso que me guste ese sentido cosmopolita que al llegar aquí a Chile 13 años atrás, no encontré. Hoy sin embargo, esto empieza a verse con mas frecuencia en este país. En mi diáspora personal me siento muy identificada con la carta de 1 Pedro.

La emigración si que la conocen los compatriotas aquí en Chile. Muchos tuvieron que irse al extranjero por una u otra razón. Pero, la inmigración a este país no se habia visto tanto anteriomente y ahora que se está volviendo algo más normal ha tenido un impacto en la sociedad que no siempre ha sido positivo.

Es difíil aceptar que las cosas cambian, pero cuando hablamos de aceptación a las personas, creo que como cristianos debieramos identificarnos con el inmigrante. Porque así como ellos se sienten lejos de casa, nosotros estamos en las mismas día tras día. Como los israelitas, esperando entrar en la tierra prometida. Y Jesús habla con fuerza para defender al inmigrante, al extranjero, al que está en el “exilio.”

El llamado de Pedro a estos judíos, convertidos, que sufren en un lugar donde no se les quiere es: Vivan vidas que caminen hacia la eternidad. Vidas atractivas y amorosas hacia los otros. En otras palabras, vivan el evangelio, porque este mismo no fue dado solo para que se guardara en un lugar donde nadie pudiera verlo sino que fuera una luz en la oscuridad. Y hoy en día, podríamos vivir exactamente así, ofreciendo ayuda, amor y sobre todo mostrando el evangelio a aquellos que han tenido que dejar su hogar aquí en la tierra sin importar la causas que los hayan traido hasta aquí.

Pedro insta a la Iglesia de Cristo a vivir vidas diferentes que brillen en la oscuridad (1 Pe. 2:11-12) Para que incluso aquellos que no le conocen lo alaben . Y esa iglesia somos tambien nosotros, que hemos sido llamados a ser parte de su pueblo.

El pastor y escritor, Steve Timmus, dice que la esencia, la naturaleza de la Iglesia es ser misional. El llamado es para todos nosotros, nos consideremos aptos o no. Y en los primeros versículos del capítulo 2 nos muestra la imagen de un bebé deseando la lecha materna, como una metáfora de lo que nosotros como cristianos deberíamos de sentir por la palabra de Dios. Y esto tiene una repercusión para nosotros, si la palabra de Dios fuera como la leche que los infantes necesitan realmente para vivir, cuanto mas querriamos estudiarla y conocer como quiere Dios que vivamos esta vida para darle a el la gloria.

Cuanto más querríamos compartirla con aquellos que han sido desplazados para decirles que hay esperanza. Que Jesús mismo fue inmigrante, dejando el cielo al lado del Padre para vivir entre nosotros y que aun aquí en la tierra tuvo que huir a Egipto viviendo lejos de los suyos. Decirles que a pesar de sus circunstancias, hay un lugar al que llegaremos algún día quienes hemos confiado en Jesús. Un lugar que será perfecto y dónde por fin nos sentiremos completamente en casa.

Tim Lane dice que “la teología que vivimos es más importante para nuestra vida diaria que la teología que decimos creer.” Y esto es muy cierto, vivir bajo la premisa de lo que creemos. Haciendonos la pregunta de que tanto realmente le conocemos y creemos en Él. Que tanto en serio, es Dios nuestro sustento.

Porque si para nosotros Él es tan importante como la leche que toman los bebés, no solo predicaríamos su palabra, sino tambien viviríamos el día a día bajo su perspectiva, abandonando como dice la carta de Pedro, “toda maldad, todo engaño, hipocresía, envia y toda calumnia.” (1 Pe. 2:1) No sólo entre nosotros, sino entre aquellos que no le conocen. En nuestras propias fuerzas eso sería imposible, pero gracias a que su Espíritu mora en nosotros, tenemos la posibilidad de realmente hacerlo.

Si somos sinceros, esto nos es difícil porque nuestro pensamiento se ha amoldado más de lo que queremos al mundo y porque tambien nos hemos vuelto cómodos y un tanto egoístas. Pero si sometemos nuestra vida y voluntad ante Él, recordando que siendo pecadores, nos otorgó una mucho más de lo que podíamos imaginar, tenemos la posiblidad de ser diferentes. Lo que es más tú y yo, estamos llamados a ser diferentes.

En este tiempo donde Chile está cambiando, es importante que pensemos que la Iglesia está aquí para mostrar una vida diferente, una vida convencida de la necesidad de su palabra, una vida que brille en las tinieblas y donde nuestro pensamiento no esté dividido para ser cristianos de domingo y personas seculares el resto de la semana.

El extranjero, el vecino, nuestros compañeros de trabajo, debieran ver esa diferencia. No sólo para predicarles la palabra sino simplemente el estar ahi para ayudar cuando se necesita. Para orar por ellos. Para ayudar en nuestras calles, vecindarios, escuelas.

Entonces porque no, vamos a hacerlo, oremos y animémonos unos a otros a ser verdaderas lumbreras para que la pasión por Dios arda con furor en los corazones de los habitantes de esta tierra. Para vivir en una verdadera comunidad que viva en Él, por Él y para Él.

IPA
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