A propósito de la vida…

Cursos de Teología
Julio 12, 2018
Pablo el Porteño
Julio 18, 2018

Marcela Serrano escribió en su libro Diez mujeres “… y así seguimos remando contra la corriente, empujados sin pausa hacia el pasado. Es una imagen maravillosa, que representa la condición humana. El pasado es un refugio seguro, una tentación constante y, sin embargo, el futuro es el único sitio donde podemos ir”.

No sé bien si este sea tu caso, en el mío, visito mucho al pasado. La nostalgia es una amiga de muchos años. Para reir y llorar. En parte, creo que tú también lo haces. Nuestro hoy se forma después de todo, con muchas de las memorias pasadas.

Pero si bien hago uso de ella, también creo que es una distracción porque mi pasado trae a colación algunos miedos y fracasos. Algunos sueños, quimeras destrozadas. Y provoca en mí una sensación rara entre angustia y amor.

El futuro en el pasado representaba la esperanza, el cambio, el logro, el viaje, el éxito y la felicidad. Pero muchos de mis planes no cuajaron, se quedaron tal cual como el flan que olvidamos meter al refrigerador, o como el pastel sin polvos de hornear.

A la luz de las Escrituras, sin embargo, veo esto desde otro crisol. En mi pasado Dios existía, aun cuando yo no le conocía. No sabía que Él era en realidad, todo eso que yo anhelaba y en lo que podía descansar. Toda la felicidad que necesitaba y el viaje a la eternidad.

Entonces mi pasado se convierte desde sus promesas un “refugio seguro” como diría Marcela Serrano, pero no por lo que yo hice o dejé de hacer sino porque Él siempre ha estado ahí. Y eso me da la posibilidad de dejar de lado los hubieras disfrutando de un presente a su lado y de un futuro al que camino ya sin titubear.

IPA
IPA