Pablo el Porteño

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El apóstol Pablo era porteño.  Nació en Tarso, la capital de la provincia Romana de Cilicia.  Situada en la desembocadura del Río Cydno, Tarso fue conocida no sólo por estar en importantes rutas comerciales en lo que hoy día es Turquía pero desde la antigüedad fue un centro cultural, especialmente conocido en el campo de la filosofía.

Unos tiene al apóstol Pablo como un gran académico, el escritor de libros tan importantes para la fe cristiana como la epístola a los Romanos, quien se mostró distante de las personas comunes y corrientes como nosotros.  Pero mira lo que dice Hernández Días Lopes: ‘El apóstol Pablo fue, sin lugar a dudas, el mayor evangelista, el mayor teólogo, el mayor misionero y el mayor plantador de iglesias de toda la historia del cristianismo’. 

Parece que estaba más en las calles, las costas y las carcéles que encerrado en el estudio de su casa. O más bien, sus grandes estudios sobre la palabra de Dios y su profundo entendimiento de la gracia de Dios en su vida le llevó a un deseo glorioso de compartir las buenas nuevas del reino de Cristo con todos; fueran judíos en Jerusalén, filósofos en Atenas o soldados en Roma.

¿Pero que tiene que ver la vida de ese porteño de la antigüedad con los porteños de Valparaíso en el siglo XXI?  Bueno, a lo menos para los cristianos, quienes siguen los mismos pasos de Jesús, su vida es un ejemplo de alguien quien vivió apasionadamente por Cristo.  El ofrece de igual manera un simple patrón para los que quieren ser discípulos misioneros de Jesús hoy día.

En Hechos 14.21-23 en su primer viaje misionero con Bernabé leímos lo siguiente:

“Después de anunciar las buenas nuevas en aquella ciudad (Derbe) y de hacer muchos discípulos, Pablo y Bernabé regresaron a Listra, a Iconio y a Antioquía, fortaleciendo a los discípulos y animándolos a perseverar en la fe. «Es necesario pasar por muchas dificultades para entrar en el reino de Dios», les decían. En cada iglesia nombraron ancianos y, con oración y ayuno, los encomendaron al Señor, en quien habían creído.”

Veamos tres pasos en su obra misionera.  Primero la Predicación de la Palabra de Dios.  Anunció las buenas nuevas de Cristo donde quiera que el fue. Comunicando que el Reino de Dios había llegado en la persona de Jesús de Nazaret y que arrepintiéndose de sus pecados, de su rebeldía hacia el creador del universo, tanto religiosos como rebeldes. tendrían perdón y restauración con Dios. 

Y esto llevó a un segundo paso: el Perfeccionamiento de los Santos, de quienes habían llegado a ser discípulos de Cristo.  Había un trabajo de fortalecer y animar a los nuevos creyentes y enseñarles que la vida Cristiana no era fácil pero si gloriosa, luchando al lado de su salvador.  El resultado natural de predicar y perfeccionar era la Plantación de nuevas iglesias. Nombraron ancianos para liderear las nuevas iglesias plantadas y después de ayuno y oración, los encomendaron a Dios para su guía y protección.

Esto es lo mismo que debemos hacer en nuestro puerto de Valparaíso hoy; evangelizar, enseñar y establecer nuevas iglesias para que más y más personas pueden conocer a un Dios glorioso y vivir esa vida abundante que prometió el buen pastor Jesús.  ¿Estás involucrado en esa tarea como el porteño Pablo?  Ojalá que Valpo esté lleno de cristianos comprometidos con esa gran comisión de Cristo y que compartan su evangelio aquí y desde Valpo al mundo entero. 

IPA
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